Fin

10 May

Hace un mes que ya no estoy en Tenosique.

Reestablecido en Tierra Blanca me encontre con gente que fue victima o testigo de lo ocurrido el 5 de mayo en Cosoleacaque. Unos contaron más que otros, en repetidas ocasiones muchas contaban la misma historia de la que habían sido testigos: algunos te contaban sobre el muchacho que al negarse bajar del tren, se mantenía sosteniéndose de una escalera, con su cuerpo colgando, sus  manos fijas, hasta que “los maleantes” comenzaron a pegarle con el machete en  las manos. Otra historia es la del garífuna que no se animó a disparar, era uno de los que venía asaltando y extorsionando a la gente, su rostro venia tapado por una playera negra. La gente del último vagón le comenzó a tirar piedras para defenderse, eran David contra Goliat, «¡dispara!», gritaba uno de sus cómplices  y no lo hizo. «¡Pásame el arma!» Esta vez obedeció.  Sonó una detonación; pero los testigos ya estaban corriendo por los potreros oscuros, huyendo, y no se dieron cuenta de lo que sucedió con aquella bala.

Esas son unas de tantas historias.

Mientras, yo me regreso a Tijuana, dejo el Sureste Mexicano y el albergue. También este blog-libreta de notas-señal de humo para que lo lea quien se lo tope en Internet.

Fin del fuego.

-alonzo

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vivalarevolución

10 Apr

Sandinistas y contrarrevolucionarios
caminan hoy en las vías.

I.

Otro se cae, las ramas crecen, otro se cae.

16 Mar

Les cobran cuota a los migrantes que desean viajar sobre el tren. Si no pagas, te bajas o te bajan. Esto ha, verdaderamente, complicado todo.

Algunos no se quieren ir, otros regresan después de una semana por no poder pagar.

En los periódicos cada semana aparece algún “indocumentado mutilado” o muerto.  Culpan a las ramas: los migrantes viajan sobre los vagones y un árbol los tumba.  Sé que puede suceder, pero nunca había sucedido eso en mis primeros cinco meses, y ahora sucede cada semana.

Algunos tenosiquenses me advirtieron que a principio de año las lluvias se hacen presentes, el calor aumenta, de repente los mosquitos se extinguen. Pero nunca me dijeron que las ramas crecían, qué casualidad.

Migrantes leen el periódico, hacen mucha bulla: se ha caído otro del tren y murió. Ellos, al escucharlo pitar, correran a montarlo.

“Lo rebana el tren!” Migrantes leen el periódico, hacen mucha bulla: se ha caído otro del tren y murió. Ellos, al escucharlo pitar, correrán a montarlo.

 

 

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Bebe de dos años.

27 Feb

 Bebe de dos años.

¿Están enterados que hay familias migrando en estas condiciones?

Este bebé estuvo secuestrado junto con su madre en 2011. No es la primera vez que viaja en el tren.
Y ella no es la única que carga con sus hijos:
¿A quién se los voy a dejar? Sí allá están peor.

La familia migrante centroamericana; familia nuclear a punto de estallar.

Foto de Mzr Mrtn.

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Presos.

27 Feb

Presos.

Migrantes centroamericanos listos para partir de Tenosique.

Así permanecerán de cinco a ocho horas en lo que llegan a Palenque, Chiapas. Trayecto que en autopista se realiza en dos horas.

Foto por Mzr Mrtn.

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Luz

16 Feb

Migrantes, con sus mochilas puesta, esperaban en la noche. La luz del fondo es el tren que tanto esperaban. Tenosique. 2013.

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Maquinalmente.

16 Feb

Jamás me había tocado tanta lluvia en Tenosique, era un frente frío que enlodaba todas los calzados, manchando el comedor, el cuarto de registro y todos los pasillos del albergue. También empapaba la leña que se encontraba a un lado del fogón.

– Nene, hay que moverla de ahí -me dijo Marta, guatemalteca y cocinera-. ¿Hay alguien así buena onda que nos ayude a mover esa leña?

Varios se ofrecieron y comenzamos a mover la hacia un techo de lamina que resguarda una banca. Cada quien cargaba dos o tres barrotes, íbamos y veníamos en silencio, uno tras otro; algunos los acomodábamos a forma de fusil, sosteniéndolo con la mano, recargando el leño sobre el hombro. La lluvia nos hacia bajar el rostro, acaso como los militares que ayer habían desnudado a seis migrantes al pasar por La Palma, según me habían contado. Marchábamos; sonó un pitido, era el tren. Se escucharon algunas voces emocionadas. De un instante a otro me quede sólo junto a otro muchacho, un migrante hondureño. Él no se iba, en esta salida no.

Alcé por fin el rostro.  El portón abierto, los pasos marcados sobre el lodo; la lluvia molestándome los ojos.

– ¿Usamos aquella carretilla para llevar la leña? -preguntó el muchacho. Le dije que sí, cómo no se me había ocurrido antes. Continuamos recogiendo, cargando y transportando. Como antes, en silencio, maquinalmente.La72entiemposdelluvia